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Tu tiempo no es tu tiempo (fragmento). Luciana Peker

multi-taskingUna mujer argentina agarra sus valijas y dice chau, besos y abrazos. Pero no deja ni una listita con los deber ser, ni una agenda de teléfono de pediatras y madres salvavidas. Ni un freezer lleno de milanesas y empanadas separadas por la lámina de film en la frontera del jamón y queso que le gusta al grande pero no a la chica y las de verdura que le gustan a la del medio pero no al resto. Ni un imán enorme y blanco –con su marcador indeleble como granadero de la organización familiar– sobre los exámenes que se vienen y las fechas del calendario de vacunación y la revisación escolar y el turno de control del dentista y la oftalmóloga. Ni un regalo de cumpleaños acomodado en el tercer estante del placard. Ni el botiquín con el ibuprofeno pediátrico y el ibuprofeno adolescente y el aerosol por si les da tos y la cremita por si les da hongos. Ni una red de amigas, niñeras, trabajadoras domésticas, la hija de una compañera de trabajo, la nueva esposa del padre, la ex novia del hermano, maestras, vecinas, abuelas, tías, madres del colegio, madres de acrobacia, madres de natación y compañeras de gimnasia durante el embarazo dispuestas a batallar todos los puestos a cubrir en la ausencia. Nada de eso que hace que no estar sea más trabajo que estar. Nada de dejar encargado a la modista el vestido para la fiesta de egresados o dejar pago en el cotillón el disfraz de San Martín. Nada de nada de la letra chica de “andá y divertite”.

Una mujer argentina agarra sus valijas y dice chau, besos y abrazos. Y se va de vacaciones del 1º de enero al 20 de febrero. No trabaja sin que le paguen. Se dedica a disfrutar. La descripción de la prescripción de la receta placer va a la carta. Así que cada quien llene el casillero de deportes, tele, series, libros, música, sexo, risas, diarios, bares, tragos, postres, paseos, sol, nieve, amigas, debatir de política en Twitter o descubrir que el punto G de la vida es la danza árabe. El asunto es que si esa mujer argentina se toma 51,7 días (digamos cincuenta días y un changüí después del mediodía para no tener que hacer la comida) y deja su casa y a sus hijos al cuidado del padre sólo estaría haciendo un acto de estricta justicia. La realidad es que las argentinas le destinan tres horas más por día a la crianza y a las tareas domésticas que los argentinos (y hablamos en comparación a los varones que participan, porque hay otros que no le destinan ni un minuto en veinticuatro horas) y ahí la cuenta es 6-0. ¿Cuántos días de su año les cuesta a las mujeres la desigualdad de género?: 51,7 días o 1241 horas al año.

Las argentinas destinan 6,4 horas de tiempo y los argentinos 3,4 horas, en promedio, en todo el país, al trabajo no remunerado: las tareas relacionadas con los quehaceres domésticos, el apoyo escolar y al cuidado de niños/as, enfermos o personas con limitaciones físicas; según la primera Encuesta Sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo que presentó el Indec el 10 de julio del 2014. La investigación se realizó en el tercer trimestre del 2013, en 46.000 viviendas, a 65.352 personas de 18 años o más que representan a una población de referencia de 26.435.000 ciudadanas/os, en todo el país, en localidades de dos o mil o más habitantes, con la misma muestra que la Encuesta Anual de Hogares Urbanos.

La medición sobre la desigual distribución de cómo se reparte quiénes hacen la torta en una casa es sustancial porque es el primer operativo de cobertura nacional sobre la temática y mide el trabajo que se realiza en el interior de los hogares, que no está incluido en las cuentas nacionales y que, hasta hace poco, seguía invisibilizado. O que, cuando lo hacen los varones que deciden cómo se reparte la torta del presupuesto de la economía del país, genera burla. El mejor ejemplo es la tapa de Noticias, del 18 de enero del 2014, en la que se reflejaba una imagen del ministro de Economía, Axel Kicillof, con un changuito en la mano haciendo las compras por su barrio, Parque Chas, con el despectivo mote de che pibe y el título “El pibe del ajuste. Los mandados de Cristina”. La mirada sobre la política doméstica es que la mujer tiene que hacer las compras y si un varón carga un kilo de naranjas es un títere manejado por su señora a la que le dice “sí querida” y hace lo que ella –debe– y quiere.

El 95 por ciento de las madres trabaja sin sueldo

Ser mujer no es ser madre, pero, al menos en la Argentina, casi siempre es trabajar –una parte del día– sin ganar dinero. Casi nueve de cada diez mujeres (88,9 por ciento) participan en el trabajo no remunerado en Argentina. En cambio, el 57,9 por ciento de los varones usa parte de su tiempo en cuidar a los hijos o hacer funcionar el hogar. Eso implica que cuatro de cada diez varones no cocinan, ni limpian, ni lavan la ropa, ni hacen compras en ningún momento del día. Y, entre los que sí lo hacen, tienen tres horas de descuento en relación con el tiempo que depositan las mujeres en la vida cotidiana. Ahora, cuando las mujeres sí son madres y en la casa hay dos menores de seis años o más, la cifra femenina de participación en los cuidados sube al 95,2 por ciento y la cantidad de horas se extiende tanto que llega a 9,8 horas en el caso de las madres con una hija en primer grado y un bebé en brazos. Los varones pasan de aportar de su día 2,9 horas a usar 4,5 horas en ir a buscarlos al jardín o bañarlos si tienen uno o dos hijos pequeños. ¿Nadie pide la hora, referí?

 

Para leer el artículo completo: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-8992-2014-07-20.html

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