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En paralelo. Viviana Liptzis

Parte de mi trabajo consiste en realizar entrevistas en contextos organizacionales. Y muchas veces me pregunto si no sería buena idea escribir un libro con las barbaridades que suelo escuchar. Para muestra, basten dos botones.

Botón 1: señor de cuarenta y pico. Secundario completo. En situación de evaluación (yo soy la evaluadora), dice sin inmutarse: “Yo quisiera ser mujer. Ustedes las mujeres la tienen fácil. Abren las piernas y se les soluciona todo”. Yo pongo mi mas maravillosa cara de poker y termino la entrevista.

Botón 2: joven profesional casi treintañero. Refiriéndose a su jefa, opina: “lo que sucede es que los hombres somos mucho mas estables. En cambio las mujeres son, como decirlo, mas cambiantes” y me mira como percatándose por primera vez de que formo parte del género femenino.

La verdad es que podríamos reirnos a carcajadas varias horas si no fuera tan patético.

Es como circular por dos carriles paralelos. En uno, las mujeres avanzamos, ganamos espacios y derechos largamente denegados mientras seguimos empujando por otros que aún resisten: igual cuota de poder en todos los niveles, igual salario por igual tarea, derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, maternidad como elección y no como destino, etc.

En el otro carril, los discursos socialmente instalados: nuestra “naturaleza cambiante” asociada a los ciclos ovulatorios (no olvidar el estudio publicado por CNN en las elecciones diciendo que influía en el voto si estábamos en “ese” momento); la superpoderosa herramienta ubicada entre las piernas y que nos da acceso a distintos espacios sin importar si tenemos alguna neurona disponible o si estudiamos y trabajamos; la imagen mediatizada repetida hasta el cansancio de cuerpos maravillosos que son minoría en el mundo real y hasta la increíble (pero real) necesidad de aclarar que no tomo gaseosa light y el café me gusta con azúcar (ya que por ser mujer, en cualquier bar presuponen que estoy a dieta).

Chicas, chicas!!!! Las cosas que hay que oír!!!

Mientras tanto, quien diga que el feminismo pasó de moda porque ya tenemos todo lo que queríamos, o vive adentro de un termo o hace rato que no mira la tele.

 

 

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