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Feminismo que no es. Julie Gerstein

Cuando Helen Gurley Brown (fundadora de la revista Cosmopolitan) murió hace unos días a los 90 años, algunas periodistas y escritoras salieron en masa a alabar su contribución a la liberación sexual de las mujeres, definiéndola como un ícono feminista.

Es cierto que sus increíbles 32 años de reinado en Cosmopolitan marcaron un enorme cambio en las publicaciones para mujeres, ofreciendo una imagen fresca y sexualmente libre de alguien que lo “tiene todo” (lo que, en el mundo de Brown, implica sexo, dinero y poder)

Brown quería que las mujeres usaran su femineidad para avanzar, y muchas hicieron caso de su mensaje. Pero no vamos a hacer de cuenta que el “feminismo de tacos altos” de Brown (de acuerdo a la definición de Kathleen Parker del Washington Post) no era problemático.

“¿Cómo puede alguna mujer no ser feminista? La chica para la que edito quiere ser reconocida por lo que es. Si eso no es un mensaje feminista, no se qué es”, afirmó.

No podemos decir que no era feminista. Pero su feminismo era el de la autodeterminación, cada una empujando contra una moral sexual victoriana. Cierto es que el feminismo es una construcción con muchas capas, donde a veces hay lugar para todo, incluso Brown.

Pero también es cierto que ella negoció a lo grande con los estereotipos negativos sobre las mujeres como manipuladoras, tentadoras y retorcidas. “¿Por qué no usar nuestra sexualidad para avanzar en el mundo laboral?”, planteó. “Si no sos un objeto sexual, entonces estas en problemas”. Para Brown, el poder de las mujeres y su status estaba inexorablemente ligado al atractivo sexual. En su visión, el sexo era la moneda de cambio de las mujeres en el mercado.

Qué sucede entonces con aquellas mujeres que son ancianas, gordas,o no son heterosexuales? Una liberación atada sólo al valor sexual de la mujer en el mercado no es liberación en absoluto. El mensaje se parece más a una interpretación manipulada de “lo personal es político”.

Así que, si bien es cierto que Brown y la revista Cosmo ofrecieron una imagen nueva y sexualmente más libre de las mujeres, también promovió una visión proscrita de lo que una mujer feminista puede ser.

En su mundo, se supone que las mujeres deben ser “divertidas y temerarias”, interesadas en sexo, la sexualidad y en mejorar su poder personal. Hasta acá todo bien, pero su mirada era de una feminidad no politizada, suave y, sobre todo, poco amenazante orientada tanto a aplacar y agradar a los hombres como a “liberar” a las mujeres.

Y mientras Cosmo provee a las mujeres con artículos sobre las últimas fantasías sexuales y guías sobre “qué es lo que él realmente piensa”, la realidad de las mujeres comunes pasa por otro lado.

Este es el nudo del problema con Brown: su feminismo estaba basado en una mirada limitada y heteronormada de las mujeres, inspirada por el dogma capitalista de avanzar y tenerlo todo. Más que romper barreras reales presentando alternativas, sostuvo que las mujeres debían “hacerse hombres y jugar el juego que les toca”.

Para Helen Brown, jugar implicaba llenar las páginas de Cosmo con imágenes de mujeres flacas, sexualizadas, generalmente blancas y que combinaran con el rótulo de “independientes”

Para muchas, la autoestima y la valoración de sí mismas se perdía en cada edición. De hecho, muchos éxitos feministas sucedieron a pesar de y no a causa de Helen Brown.

Fue una mujer de negocios astuta, con una noción del feminismo fácil de digerir. No podemos culparla por ofrecer una solución que simplemente reflejaba la moral de su tiempo, pero ciertamente no podemos alabarla ciegamente.

 

Fuente: http://www.thefrisky.com/2012-08-15/the-soapbox-where-helen-gurley-brown-got-feminism-wrong/. Traducción libre

 

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