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Adele en la era del “pornopop”

Nadie juzgaría a Cristiano Ronaldo por sus discursos, aunque una vez cada año y medio le obliguen a ponerse ante un micro; Amancio Ortega no llegó a rico por su glamour sino por el de la ropa que vende a todo el planeta; nadie menosprecia la obra de Picasso porque era calvo, huraño y cruel con los suyos; no quita mérito al Nobel Cela su envergadura corporal ni sus salidas de tono; no le hacían falta a Cervantes dos manos funcionales para escribir El Quijote. Se valora a las figuras públicas por su obra, por lo que destacan, por su especialidad, que es lo que aportan a la sociedad, y no por sus imperfecciones, que pueden ser muchas o pocas según se mire, pero casi siempre irrelevantes. Pero ciertas mujeres que tienen éxito, sobre todo en el mundo del espectáculo, cargan con la obligación adicional de responder a un perfil estético muy determinado. Y a veces tienen que escuchar alguna grosería.

 

Adele, de apellido Adkins, es un fenómeno popular y un elemento extraño en un panorama musical dominado por el pornopop, como bautizó Diego Manrique a la generación de divas que explotan con descaro su sensualidad. Esta chica londinense lo que explota es su conmovedora voz para el soul. Teniendo 19 y 21 años firmó dos discos que la han lanzado al estrellato, con los que ha batido récords de ventas en el Reino Unido, de permanencia en las listas de éxitos y de premios Grammy. Pero las estrellas de la música pop británicas son, sobre todo, celebrities, pasto de la prensa amarilla. Hay demasiados focos sobre lo que menos interesa de ella.

 

Pero el currículum de Adele fue resumido así por Karl Lagerfeld, el diseñador de Chanel: “Está un poco gorda. Pero tiene una cara bonita y una voz divina”. Es decir, que lo primero que pensó de ella es “a little too fat”, y solo en tercer lugar que canta bien. La comparó con otra artista más esbelta, Lana del Rey, de la que destacó que como cantante “no está mal” pero da más imagen de “cantante moderna”. Curioso baremo. Adele respondió así: “No me interesa estar flaca. Nunca quise parecerme a las modelos de portada de revista. Represento a la mayoría de las mujeres y estoy orgullosa de ello”.

¿Una persona normal que canta como los ángeles? No: en primer lugar una cantante excepcional que, por lo demás, encaja en un tipo bastante extendido de mujer. Que no es el de las pasarelas de Chanel.

 

La polémica no pertenece a la crónica rosa. Hablamos de cómo ve la sociedad y la industria a una profesional debido a su aspecto o su talla, y de cómo las críticas llegan desde un sector, el de la moda, sospechoso de haber convertido la extrema delgadez en referente para muchas chicas condenadas a la frustración. Lagerfeld (el “diseñador bocazas”, en expresión de Xavi Sancho) hizo su declaración sobre las formas de Adele después de haber perdido él mismo, mediante una dieta extrema, más de 30 kilos, es decir, que él también estaba “un poco demasiado gordo”, como ahora dice con la fe del converso. “Casi no como nada”, dijo sobre su nuevo estilo de vida.

 

Acusado de fomentar la anorexia en las pasarelas, el diseñador de origen alemán dijo en 2009: “Nadie quiere ver a mujeres con curvas. Ya tenemos a esas madres gordas sentadas ante la tele con bolsas de patatas fritas diciendo que las modelos delgadas son feas”. En aquel año dirigió sus dardos contra la modelo Heidi Klum, de la que dijo que tenía “demasiado peso” y “mucho busto” para la pasarela.

 

Menos mal que el mundo del pop no apuesta por la delgadez insana como la moda. Lo suyo son chicas de curvas más obvias, tacones infinitos, encajes, poses provocativas y mucha carne a la vista. Escribió esto Manrique, el crítico musical de referencia en este país, en su blog: “Desde que Madonna legitimó la explotación de la sexualidad en un contexto post-feminista, las llamadas divas usan su cuerpo como reclamo, como alarde de poder. (…) La presión competitiva o la vocación empujan a las cantantes a convertirse en sex bombs, a comportarse como tales. (…) El error consiste en valorarlas puramente como cantantes de pop. No, mire: son vedettes. Artistas de teatro musical, que destacan sus formas. Reinas de la picardía, los dobles sentidos, la belleza insolente. (…) Vedettes tan universales que actúan privadamente para la familia Gadafi, los oligarcas rusos o los jeques petroleros. Cuando se descubre a quién ofrecen su ‘arte’, ponen carita de pena: ‘somos…¡tan inocentes!”. Sarcástico Manrique.

 

Madonna es, pues, la fundadora de ese pornopop hoy dominante en las radiofórmulas y en la MTV, lo que no quita que sea una artista respetada y de extrema profesionalidad. Y en el pasado fue imagen del Chanel de Lagerfeld. Pero no dudó en salir en defensa de Adele cuando escuchó al modisto: “Es horrible, ridículo, lo más ridículo que he oído. Adele tiene un gran talento y cuánto pese no tiene nada que ver con esto”, afirmó. Lagerfeld se vio obligado a rectificar y a decir que, cómo no, se sacó de contexto su comentario. “Soy el primer admirador de Adele. Es una chica muy guapa. Es la mejor”.

 

Nada nuevo bajo el sol. El Reino Unido es uno de los países donde más se ha estudiado el “tiro al gordo”, como llamó Walter Oppenheimer a la fobia social, animada desde los medios, contra el sobrepeso, señalado como enfermedad, como señal de una vida de vicios y como una carga para el Estado. Ya escribí en este blog sobre los excesos del culto a la belleza cuando murió la guapísima Elisabeth Taylor. No seremos tan ingenuos como para defender que el atractivo físico no cuente nada en el show business. Cuenta y mucho en los escenarios, en el cine, en la televisión, obviamente en las pasarelas.

 

¿Solo en esos terrenos? Se ha publicado un polémico libro, Capital erótico (Debate), que sostiene que la mujer debe exprimir sus encantos para triunfar en el mundo laboral, que para conseguir un buen empleo hay que ir a la peluquería y a la zapatería, hacerse la manicura y gastar en maquillaje.

“La gente guapa puede ganar de un 10% a un 15% más que las personas de aspecto normal”, defiende su autora, Catherine Hakim, de la London School of Economics, entrevistada en La Vanguardia. “Dado que funciona, debería usarse sin sentimiento de culpa, y es un potencial que no depende de la clase social”. Así dicho, suena crudo. Indigna a mucha gente. Tiene algo de verdad.

 

Adele, mientras tanto, sigue triunfando en lo que sabe hacer mejor, que es emocionar a su público con su timbre de voz y su música, lo que no ha impedido aparecer con todo el glamour en la portada de Vogue. El mundo de la ópera sabe desde hace siglos que las mejores voces no tienen que encontrarse en los cuerpos más estilizados. A ver quién canta como Montserrat Caballé, y cómo criticar el físico que aloja esa portentosa voz. No todas van a ser Shakiras. Entre las artistas que Adele cita como sus grandes influencias figura Etta James, grandísima voz del blues y el jazz, fallecida el pasado enero. Seguro que también se metían con ella. Seguro que también le daba igual. Seguro que será recordada por lo que la hacía genial.

 

Fuente: blogs.elpais.com


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