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Las madres son seres humanos. Sergio Sinay

¿Una madre no puede asesinar a un hijo? Cuéntenselo a los griegos. La trágica historia de Adriana Cruz, la mujer que mató a Martín Vázquez, su hijo de 6 años, reproduce al pie de la letra la de Medea, que asesina a los hijos que tuvo con Jasón para vengarse de él y de su abandono. Los mitos han hablado siempre de nosotros, de los humanos, de las zonas más profundas y a veces más oscura de nuestra alma. Por eso perduran, porque describen arquetipos. Si les prestáramos más atención, si los estudiáramos (sobre todo jueces, gobernantes, comunicadores, personas con vínculos y responsabilidad sobre otras personas) quizás habría menos ignorancia acerca de nuestra condición, más comprensión y empatía, mejores y más oportunas decisiones. Y comentarios menos elementales y lamentables.

Cuando el padre de Martín pidió a la jueza la tenencia, en febrero último, porque veía a sus hijos en peligro, estaba anunciando (una vez más y acaso sin saberlo) la tragedia de Medea. Cuando la jueza (fiel a la dinámica judicial) postergó eternamente una decisión que urgía, colaboró a precipitar esa tragedia. Pero, además, en una sociedad atravesada por un paradigma machista tóxico, esto no puede sorprender aunque duela. Según ese paradigma los hijos no corren peligro con la madre porque ella los ama ya que los llevó en el vientre. A eso condena este paradigma a las mujeres: a ser vientres, unidades reproductoras antes que nada. Les ordena cuáles serán sus sentimientos (siempre amar, aunque no puedan) y sus conductas (perdonar, soportar, cuidar, criar, esperar). Les negará la posibilidad de no poder hacerlo so pena de condenarlas a lo peor y para siempre.

El mismo modelo machista considera a los hombres unidades productivas, dueños y ejecutores del mundo, discapacitados para la crianza, despojados de “instinto” paternal. Por lo tanto, dice el mandato, los hijos siempre estarán bien con la madre y en peligro con el padre. Una tenencia no se otorga sin más a un padre aunque la vida del hijo peligre. El “instinto” materno protege al vástago. Y si la madre reniega de ese “instinto” (que no existe como tal sino que es una creación y un mandato cultural y social) será penada con cadena perpetua y maldición eterna. Justicia machista para una sociedad machista, aunque la ejerzan juezas. Aunque mueran niños que deberían vivir.

A coro con esto, la misma sociedad que mira para otro lado cuando son hombres los que matan a sus hijos (como si eso fuera lo esperable), cosa que ocurre cada día, se espanta cuando es una mujer quien lo hace. ¿Por qué no habría de hacerlo? ¿Por ser madre? ¿Eso la convierte en emasculada en cuanto a ciertas pasiones y reacciones dolorosas, terribles, oscuras, pero humanas? ¿Una madre es menos que un ser humano, es sólo una teta amorosa, expurgada de pasiones, dotada solo de buenos sentimientos? ¿No sería liberador para las mujeres romper con este mandato hipócrita, salir de este corralito moralista? ¿No evitaría tragedias?

Antes de que alguien piense que esto es una defensa de Adriana Cruz: no lo es. Adriana Cruz es, para mí, indefendible. Pero es explicable. Indefendible es también el paradigma machista tóxico en el que aún nadamos y que se cuestiona de modo oportunista, muy por arriba y solo en los temas fáciles y “correctos”. Indefendible es una justicia que ignora todo sobre el corazón humano y se conduce con negligencia y prejuicios. Mientras tanto, la sociedad se devoró un hijo más. Y sigue la cuenta.

 

Fuente: www.lanacion.com.ar

 

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