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Domitila Chungara, Doña Domi.


“—El enemigo principal, ¿cuál es? ¿La dictadura militar? ¿La burguesía boliviana? ¿El imperialismo? No, compañeros. Yo quiero decirles estito: nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos adentro.

Estito dijo Domitila en la mina se estaño de Catavi y entonces se vino a la capital con otras cuatro mujeres y una veintena de hijos. En Navidad empezaron la huelga de hambre. Nadie creyó en ellas. A más de uno le pareció un buen chiste:

—Así que cinco mujeres van a voltear la dictadura.

El sacerdote Luis Espinal es el primero en sumarse. Al rato ya son mil quinientos los que hambrean en toda Bolivia. Las cinco mujeres, acostumbradas al hambre desde que nacieron, llaman al agua pollo o pavo y chuleta a la sal, y la risa las alimenta. Se multiplican mientras tanto los huelguistas de hambre, tres mil, diez mil, hasta que son incontables los bolivianos que dejan de comer y dejan de trabajar y veintitrés días después del comienzo de la huelga de hambre el pueblo invade las calles y ya no hay manera de parar esto.

Las cinco mujeres han volteado la dictadura militar”. Eduardo Galeano

La virulencia de un cáncer venció finalmente a Domitila Barrios de Chungara, indomable líder minera, cuyo coraje fue piedra de tropiezo para las dictaduras militares que gobernaron Bolivia entre 1964 y 1982. Chungara falleció el 13 de marzo en Cochabamba. El próximo 7 de mayo iba a cumplir 75 años.

Su indignación contra los militares tras la masacre de San Juan, el 24 de junio de 1967, le costó la vida de un hijo que murió al nacer en una celda, sin auxilio y víctima de las patadas y golpes de los militares que la detuvieron por insultarlos. El Gobierno del general René Barrientos intervino militarmente los distritos mineros para frenar una huelga y en la noche de San Juan acabó con la vida de decenas de hombres y mujeres en las minas de Catavi y Siglo XX.

Los distritos mineros fueron de nuevo ocupados militarmente tras una huelga de protesta contra el régimen de Hugo Bánzer (1971-1978) y Domitila Chungara se refugió en una mina junto a los dirigentes del sector, pero tuvo que salir forzada por otro alumbramiento, esta vez de mellizos. Uno de ellos estaba ya muerto en su vientre, aparentemente debido a los gases tóxicos dentro de la explotación.

En diciembre de 1977, cuatro esposas de trabajadores mineros comenzaron una huelga de hambre en el arzobispado de La Paz para exigir al Gobierno de Bánzer una amnistía política y el retorno a la democracia mediante elecciones generales. Domitila Chungara se sumó poco después al ayuno y en pocos días la siguieron miles de bolivianos en todo el país hasta arrancar de Banzer el decreto de amnistía para miles de exiliados políticos y la promesa de elecciones a corto plazo.

Primero trabajó como palliri (dedicada a rescatar mineral entre los residuos o desmontes) para alimentar a sus cinco hermanas y a su madre enferma y comenzó sin pensarlo su carrera política como secretaria ejecutiva del Comité de Amas de Casa de Siglo XX, un vital instrumento de apoyo a los sindicatos de trabajadores mineros. Esa convicción de la lucha conjunta de varones y mujeres contra el sistema de explotación laboral sacudió desde sus bases la tribuna del Año Internacional de las Mujeres que se celebró en México en 1975.

La líder minera afirmó que la lucha de la mujer no podía ser contra el hombre, sino contra el sistema de dominación económica, política y cultural de los pueblos. Para ella, el cambio debía darse mediante la igualdad de derechos de hombres y mujeres, acceso igualitario a la educación y al trabajo, para emprender una lucha en pareja contra la opresión y la dominación del capitalismo.

Madre de 11 hijos, cuatro de ellos fallecidos, salió al exilio en la década de los ochenta, pero pronto volvió a Bolivia y se instaló en Cochabamba, donde impulsaba un centro de formación política especialmente destinada a las jóvenes de los barrios más empobrecidos de esta ciudad.

En su natal Pulacayo y en los distritos mineros de Oruro y Potosí se declaró el duelo. Por su parte, la Gobernación de Cochabamba dispuso que sus restos se despidieran con honores desde sus instalaciones, como homenaje a una madre coraje y a una líder indómita frente a los regímenes militares en Bolivia.

 

Fuente: El País.

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