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Generaciones de cuerpos en guerra

Mi cuerpo es un campo de batalla. Me pasé la mayor parte de mi vida librando una guerra en él. Tengo recuerdos muy vívidos de mi niñez en los que mi valor era medido por el tamaño de mi cintura y números en una escala. Me enseñaron que debía “sufrir para ser hermosa”.

Esta relación problemática con el cuerpo y con mi misma continuó en el secundario, mientras escondía mis curvas; cuando combinaba morirme de hambre, una purga y ejercitarme de forma excesiva. Y luego en la adultez, incluso durante mis experiencias de embarazo y post parto.

Pero no estoy sola y, lamentablemente, esta lucha no es nada nuevo. Soy parte de un linaje de mujeres que se declararon la guerra a sí mismas, desde mi tatarabuela que usaba un corset tan apretado que dolía, mi bisabuela que internalizó el ideal femenino victoriano de la fragilidad midiendo cada bocado de forma meticulosa; mi abuela que cinchaba su cintura con fajas y como almuerzo comía pastillas para adelgazar, hasta mi madre que personalizó la figura esquelética de los ’70, hizo aerobics en los ’80 y los ’90 y llevaba en su cartera su “diario de comida y ejercicios”.

Esta no es sólo mi herencia. Es una experiencia compartida por incontables niñas y mujeres, que empieza cada vez a edad más temprana y que las afecta hasta bien entradas en años. Esa herencia de baja autoestima, de cosificación, que se hace realidad en desórdenes alimentarios, ejercicio contínuo y un discurso abusivo sobre el propio cuerpo, nos mantiene en círculo insalubre. Porque como dice Bell Hooks, estas prácticas “son auto-odio en acción. El amor propio de las mujeres comienza con la aceptación de sí mismas”.

Ok, y cómo logramos esa aceptación? Mientras el número de niñas y mujeres enganchadas en esos hábitos destructivos aumenta de manera exponencial, la buena noticia es que existen organizaciones y campañas que transmiten otro mensaje de mujeres reales, con cuerpos reales. Estas campañas nos dan la oportunidad de accionar para el cambio. También se que rituales de auto afirmación tales como eliminar la autocrítica son transformadores.

De hecho logro sentirme las más linda cuando silencio la crítica en mi cabeza.

La pregunta entonces es: ¿cuando fue que tu cuerpo, esa fuente de asombro y magia en la infancia, dejó de serlo? Por qué una generación tras otra de mujeres se siente cada vez menos bella? Sos capaz de cambiar la conversación en tu cabeza? Podes identificar al menos dos cosas que te gusten de tu cuerpo? Y cinco cosas? Podes identificar una cosa nueva cada día?

Tal vez, si podemos aprender a querer nuestro cuerpo como es a través del tiempo, podremos eventualmente ser, también, libres.

 

Fuente: http://www.feministfatale.com/

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