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Disquisiciones de/en miércoles. Viviana Liptzis


Pensaba (a veces lo hago) en algo que suelo trabajar con algunas personas en posiciones de liderazgo en las empresas: la adicción a la adrenalina. Esa “cosa” que corre por el cuerpo cuando no sentimos presionados, exigidos, al límite de la urgencia y que, caseramente, hemos bautizado como “síndrome del bombero”, es decir, todo el tiempo apagando incendios.

Esa adrenalina genera dependencia. A tal punto que muchos y muchas no saben cómo desempeñarse cuando las cosas no son urgentes, cuando no hay presión, cuando es hora de reflexionar y planificar, cuando parece que no somos imprescindibles porque hace media hora que el móvil no suena o que no llega un mail.

Y de allí, un salto, doble mortal y tirabuzón para aterrizar en nosotras las mujeres. No será, pensaba en mis disquisiciones de miércoles, que por impulso de cientos o miles de años de mandato social, nos volvimos adictas a la adrenalina? Esa que nos empuja a ser excelentes estudiantes, mejores profesionales, impecables, chefs, amas de casa, maestras particulares, tintoreras, médicas si hace falta, cuidadoras de quien lo necesite y requiera, parejas, madres, contadoras de cuentos, costureras de botones de último momento, informadas, proveedoras, y sigue la lista. Y todo eso AL MISMO TIEMPO!

Pensaba si no sentimos cierto cosquilleo cuando el teléfono no suena, o nadie nos pide nada por 15 minutos. Las veces que decimos “quiero tiempo para mi”!!! Y cuando tenemos tiempo, es como el vacío mismo.

Y me respondo que tal vez sí. Tal vez jugamos a ser omnipotentes. O tal vez no jugamos y lo asumimos sin cuestionar. Pero también pienso que somos fuertes, indómitas, creadoras de mejores mundos.

Porque como dice la poeta nicaragüense Gioconda Belli

“…Amo a las mujeres desde su piel que es la mía.

A la que se rebela y forcejea con la pluma y la voz desenvainadas,

a la que se levanta de noche a ver a su hijo que llora,

a la que llora por un niño que se ha dormido para siempre,

a la que lucha enardecida en las montañas,

a la que trabaja -mal pagada- en la ciudad,

a la que gorda y contenta canta cuando echa tortillas

en la pancita caliente del comal,

a la que camina con el peso de un ser en su vientre

enorme y fecundo.

A todas las amo y me felicito por ser de su especie…”

 

 

 

3 comments to Disquisiciones de/en miércoles. Viviana Liptzis

  • Francis Mateu

    Un poema precioso que hago mio.
    Yo creo que algo hay de hacernos omnipresentes, pero por pura necesidad. El gran motor de muchas mujeres es la necesidad de reconocimiento. Es tan poco reconocido su trabajo como madres, educadoras, echadoras de tortitas al comal, o hasta parir ( cuantas veces has oido a un hombre hablar del cólico nefrítico, que, dicen, es mas doloroso que el parir? Yo siempre me pregunto… Y como lo sabe?) que cualquier ocasión que tenemos de demostrar que valemos para muchas cosas la aprovechamos al límite para que quien tengamos al lado pueda decirnos “nena, tu vales mucho”.
    Hemos de aprender a discernir entre lo que realmente nos importa y lo que es absolutamente accesorio y…. aprender a mirar para otro lado!!
    No es tan malo, no hace falta darte cuenta de toooooodooooo y hacerlo. Aprended a silbar, que va perfecto para despistar!!!

  • Marcela García Aráoz

    Estimada Vivi,
    Me encantó tu reflexión, tal cual!!!! Un abrazo!!

  • Gracias Marce!!
    Un beso

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