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Encontrarnos con nosotras mismas…


¿Quién alguna vez no ha dicho “quiero encontrarme conmigo misma”? Cómo si ese encuentro fuera algo imposible de acceder, o como si no estuviera sucediendo. Fantaseemos un rato. Imaginemos que vamos a un cafetín a encontrarnos con nosotras mismas ¿Qué nos diríamos?

¿Qué ropa escogeríamos para ese momento? ¿Nos saludaríamos de beso? ¿Nos trataríamos de usted?

¿Por qué necesitamos encontrarnos con nosotras mismas, si vivimos con nostros mismas todo el tiempo?

¿Será que no nos agradamos y creemos que somos otras diferentes?

Yo apuesto por esa idea. Quién se quiere conocer es porque se conoce y no se seduce; en su mente tiene la ilusión de ser un ser diametralmente opuesto. Sin embargo eso, lejos de construir la imagen de una misma, la mutila.

La magia del encuentro está en abrir los ojos y vernos; observarnos como un todo, una unidad y dejar de escarbar en la basura emocional, inocentes e ignorantes; haciendo de cuenta que no nos pertenece.

Ya estamos con nosotras mismas; aunque vivamos para agradar a los demás, dejemos de lado nuestros proyectos, nos involucremos con los objetivos ajenos y nada de lo que hagamos parezca ser de nuestro poderío.

Encontrarnos a nosotras mismas tal vez es la búsqueda del tesoro más difícil de alcanzar, pues implica correr el riesgo de botar fuera de nuestra caja de creencias, todas aquellas que nos han limitado de ser y crecer; y que en varias oportunidades, al sostenerlas, iríamos en contra de nuestra familia, amigos, o círculo más cercano.

Aunque, si lo pensamos bien… por qué no apostar a ese encuentro soñado, a esa cita en la que nos aseguraremos de no llegar más tarde, de lo que estamos llegando al día de hoy?

 

Fuente: Confesiones de Sofía.

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