A sample text widget

Etiam pulvinar consectetur dolor sed malesuada. Ut convallis euismod dolor nec pretium. Nunc ut tristique massa.

Nam sodales mi vitae dolor ullamcorper et vulputate enim accumsan. Morbi orci magna, tincidunt vitae molestie nec, molestie at mi. Nulla nulla lorem, suscipit in posuere in, interdum non magna.

Si Sor Juana tuviera Facebook. Fragmento


La fuerza de las palabras de Juana de Asbaje y Ramírez, o sor Juana Inés de la Cruz, resulta doblemente impactante en su contexto. Desde el silencio impuesto por la vida religiosa y social del siglo XVII, logró vencer las fronteras que los muros de piedra impusieron a su presencia y las ataduras invisibles pero palpables con las que la sociedad limitaba y controlaba a las mujeres.

“Vivir sola… no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros”, escribió.

Sor Juana reivindicaba el derecho de las mujeres al aprendizaje. En un mundo que las sometía al silencio como único medio de comunicación, sus palabras y obra se convirtieron en herramienta de liberación y en símbolo de empoderamiento para muchas mujeres en los siglos posteriores.

Hoy, en pleno siglo XXI, el analfabetismo sigue siendo un obstáculo para el desarrollo de las mujeres, y a las muchas marginaciones que viven de manera cotidiana empezamos a sumar una más: la marginación digital.

El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 señala que: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión: este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones. De buscar y recibir información e ideas y el de difundirlas sin limitación de fronteras por cualquier medio de expresión”.

La Declaración plantea preguntas obligadas en este tiempo: ¿Qué sucede con las personas, y las mujeres y niñas en particular, que no tienen acceso ni a la información ni a los diversos medios de expresión? ¿Qué importancia tiene no sólo el analfabetismo como lo conocemos, sino el analfabetismo digital en la participación social, política, económica y cultural de la mujer? ¿De qué manera pueden las mujeres participar hoy en día en el nuevo espacio público: internet? ¿Cómo puede un ser humano desarrollarse cuando ignora que tiene derecho a ello o que tan siquiera existe esa posibilidad?

Es un hecho que “la gran fuerza transformadora que ha traído internet tiene poco que ver con la tecnología, los medios e incluso los negocios. El verdadero cambio viene de las personas y su nueva capacidad de conectarse y vincularse. La clave son ahora las relaciones”(1)

¿Consumidoras o proveedoras de contenido?

“Calladita te ves más bonita” dice el refrán, y un mundo entero de mujeres se lo creyó y organizó su vida en función de ello. Hoy internet desafía este refrán y le da a las mujeres la posibilidad de expresarse, decir lo que piensan sobre el mundo, la escuela de sus hijos, la política, las cosas que compran, el servicio que reciben, compartir su conocimiento, promover sus negocios, proyectos, ideas, aprender, en otras palabras, sobre los temas que afectan su diario vivir y que le interesan.

Dicen que el siglo XXI es el siglo de la comunicación, y que partiendo del funcionamiento y patrones comunicacionales de las mujeres, éste será nuestro siglo.

Esto nos lleva a un planteamiento inevitable y es la necesidad de que las mujeres se conviertan en proveedoras de contenido y dejen de ser consumidoras, simples transmisoras u observadoras del mismo. El uso de las diferentes herramientas que brinda internet (blogs, redes sociales, aulas virtuales, sitios de promoción de productos on-line, plataformas diversas) puede motivar el cambio y uso de tal forma que las convierta en generadoras de información para producir y catalizar respuestas, motivar debates y generar cambios en la esfera tanto política como económica.

En una cultura y en una sociedad que han premiado el silencio como atributo de lo femenino, el uso de las palabras y las nuevas tecnologías se convierte en un desafío.

Si no se logra trascender la cultura del silencio, el aislamiento de las voces femeninas y la marginación digital, se agudizará el desafío ético que la situación actual ya plantea. La brecha digital no sólo aumentará la diferencia entre países y grupos ricos y pobres, sino que agudizará la marginación y diferencias con respecto a las mujeres al interior de las sociedades y los países.

Si sor Juana fuera internauta

Si sor Juana fuera internauta seguramente tendría un blog. No me cabe la menor duda. Podría escribir en el momento en que quisiera sin necesidad de que un ingeniero en informática administrara sus contenidos. Posiblemente su dirección sería www.sorjuana.com.mx. A través del RSS de su sitio podría alimentar su página personal o su página de “Fans” en Facebook y sus contenidos estarían al alcance de todos sus seguidores y amigos de manera constante.

Independientemente de esta proyección de sor Juana a nuestro tiempo, creo que no se perdería en la forma y seguiría privilegiando el fondo. Su ejemplo serviría para que muchas mujeres siguieran buscando su propio crecimiento y desarrollando sus capacidades para empoderarse. Sería un icono para luchar en contra del Techo de Cristal Digital que se está consolidando silenciosamente en nuestras sociedades.

Hoy, más allá de la participación como principales usuarias de las redes sociales, las mujeres debemos darle significado a lo que publicamos y decimos, debemos reconocer el valor del potencial comunicativo y transformador que los nuevos medios nos brindan.

• Si las palabras construyen realidades, debemos construir el mundo en el que queremos vivir y darle forma a partir de nuestra visión. Hoy tenemos el medio para hacerlo, para expresarnos y para hacernos escuchar.

• Saber que existe la marginación digital no sólo de países enteros sino de grupos específicos, siendo las mujeres el numéricamente más grande, es un desafío ético. Saber que algo sucede y no hacer nada por cambiar los hechos es una manera de hacerse cómplice de la realidad y de mantener las cosas como están.

• Falta la participación de muchas mujeres aún, pero quienes tenemos acceso y posibilidad debemos ejercer este derecho con responsabilidad para abrir el camino y generar las condiciones que posibiliten que cada día más mujeres accedan a la educación digital y puedan hacer uso del potencial que las TICs e internet brindan.

• La presencia y participación digital de la mujer fortalecerá la democracia y permitirá enriquecer el diálogo ciudadano que se está gestando en el nuevo espacio público. Hacen falta no sólo políticas públicas, sino una conciencia compartida entre los distintos actores de la sociedad para fomentar que las mujeres se integren de manera activa y creativa a la economía y la sociedad en este momento de cambio y crecimiento tecnológico. Esto redundará no sólo en su productividad, sino en su empoderamiento personal, su conciencia de género y su activa participación en el desarrollo de sus comunidades y países.

• NO NECESITAMOS que la marginación digital se sume a los muchos tipos de marginaciones que ya son una realidad para la mayoría de las mujeres hoy en día, a pesar de los significativos avances que se han dado y de la transversalidad de la perspectiva de género en diversas áreas. Los esfuerzos siguen siendo insuficientes y este es un buen momento para hacer algo al respecto antes de que la brecha digital se agudice (más) y se torne irreversible.

Si sor Juana tuviera su perfil en Facebook muchas mujeres querrían imitarla y esto implicaría que la educación digital sería un tema de la agenda nacional, un incentivo para fomentarla e, inevitablemente, habría un avance en este asunto que beneficiaría a todos en el largo plazo. Como bien decía ella: “Lo que es razón, no es capricho”.

 

(1) Jeff Jarvis

Fuente: Claudia Calvin Venero. www.nexos.com.mx

Leave a Reply