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Paso a paso. Por Viviana Liptzis

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Ayer, Dilma Rousseff fue elegida presidenta de Brasil. El dato podría ser sólo político-económico si no fuera que Dilma es mujer. Y que para llegar a esta instancia, no sólo tuvo que sortear los obstáculos propios de la coreografía eleccionaria sino también, aquellos relacionados con su condición de género.

En estas circunstancias vale la pena observar algunas características que compartimos las latinoamericanas en estos procesos:

  1. Las mujeres, como electorado, tendemos a retrasar la decisión de voto. En general buscamos mayor certeza, situarnos mejor antes de decidir
  2. Históricamente, aquellas que tienen su vida más restringida a los cuidados de la casa, tienden a confiar en la opinión de otros a quienes consideran más informados (hijos, maridos) asumiendo una tendencia de voto más conservadora.
  3. A diferencia de las anteriores, las mujeres con una vida económicamente activa, que rompieron con estructuras de sumisión y ganaron mayor autonomía, han votado históricamente más a la izquierda que el resto del electorado.

Brasil tuvo dos mujeres disputando la elección en la primera vuelta. Tampoco este es un dato menor.

En esa primera vuelta, Dilma Rousseff fue tratada con el cinismo que los medios tienen reservado a las mujeres Su imagen, cabello, apariencia, cambios de vestuario; todos y cada uno de los detalles fueron objeto de comentarios, como si estuviéramos frente a una especie de “Brasil Fashion Week”.

Se la trató de mujer frágil, de fantoche de Lula (quien continuaría controlándola a su placer). Se la tildó de arrogante, intolerante, “demasiado fuerte”.

Increíblemente, en la segunda vuelta, los medios decidieron ignorar el hecho de que es mujer. El silencio llegó a ser ensordecedor.

Sin lugar a dudas, una mujer disputando una cargo de poder crea expectativas en el resto de las mujeres. Y en esta elección, las mujeres fueron la mayoría del electorado.

Las cuestiones de género atravesaron y atraviesan tanto los ataques como el programa de gobierno: desde los altares en los que se la acusó de querer autorizar el aborto hasta el noveno mes (¡!!!) hasta las propuestas relacionadas con: acceso al empleo, planes para mujeres jefas de familia, acceso a la riqueza, etc. Todo se vio teñido por los atávicos preconceptos que nos ocupan y preocupan.

Hoy veo con alegría como hay una mujer más en un espacio de poder (y qué espacio!). Mucho de lo que haga nos parecerá maravilloso. Otras cosas serán seguramente criticables.

Pero lo importante es que el camino está abierto, cada vez más. Cada vez mejor

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