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Feminismo comunitario indígena. Por Juan José Tamayo

Los Movimientos feministas tuvieron un importante protagonismo en el IV Foro Social Américas. Fueron numerosos los talleres que analizaron la situación de las mujeres en Amerindia desde la perspectiva de género con el objetivo de lograr su empoderamiento en un continente donde el patriarcado impone su ley en la mayoría de los campos del quehacer humano.
Los dos ejes transversales del Foro fueron precisamente la igualdad de género y las diversidades. Eran la mejor muestra de que “América está en camino” hacia la meta de la igualdad, pero no clónica, sino dentro del respeto a las diversidades: sexual, étnica, lingüística, moral, religiosa, política, cultural y económica.
Uno de los talleres feministas más creativos al que asistí fue el del Feminismo Comunitario en el área rural e indígena de la Provincia Bautista de Saavedra de Bolivia. Fue liderado por la Asamblea Feminista Rural, que en 2006 inició un proceso de reflexión sobre la situación de las mujeres indígenas y campesinas de comunidades del área rural, a partir de la toma de conciencia de la necesidad de crear un espacio donde las mujeres puedan construir su vida y recuperar su palabra.

La acción feminista es una construcción colectiva a partir del conocimiento y el reconocimiento de las mujeres del mundo rural como parte de la resistencia al machismo con el compromiso de desarrollar una cultura feminista “basada en la solidaridad, reciprocidad, empatía, alteridad sensibilidad y respeto a la otra, al otro, con la capacidad de escuchar y de escucharnos”.

Cuatro son los objetivos que se propone este movimiento: responder a la situación de las mujeres en comunidades campesinas e indígenas invisibilizadas por la pobreza y el patriarcalismo; luchar por la mejora de sus condiciones de vida en el marco del reconocimiento de la realidad pluricultural, plurilingüe y plurinacional de Bolivia; c) incluir los derechos de las mujeres en la lucha de los pueblos indígenas y campesinos; construir comunidades indígenas participativas e inclusivas de hombres y mujeres. La Asamblea Feminista Rural de Bolivia entiende el feminismo como lucha de las mujeres por su derecho a ser mujeres, a reconocerse y pensarse como mujeres y a rebelarse contra toda forma de opresión.

Conscientes de que no eran primeras militantes en la liberación de las mujeres, las participantes en el taller recordaron a algunas de las luchadoras bolivianas que las precedieron: Bertonina, Sisa, Manuela Gandarillas, Manuela Rodríguez, Heroínas de la Coronilla, Adela Zamudio, Domitila Chungara, Mujeres de la Guerra del Agua, Mujeres de la Guerra del Gas.

El Feminismo Comunitario no piensa a las mujeres contra los hombres, sino dentro de la comunidad formada por dos mitades ambas de igual importancia, imprescindibles y autónomas, complementarias pero no jerárquicas y con relaciones de reciprocidad. La actividad concientizadora de este feminismo, que sigue la metodología de Paulo Freire, se mueve en cinco campos de acción que las mujeres deben conquistar: espacio, tiempo, cuerpo, memoria y organización, que llevan derechamente a salir del ámbito doméstico individual y entrar en el espacio social como lugar común de hombres y de mujeres.

Espacios de decisión y de participación. Las mujeres se sienten inseguras, no se encuentran bien en su comunidad, tienen miedo y son objeto de violencia. Son consideradas parias, inferiores, carecen de espacios de decisión y participación. Se encuentran a gusto y cómodas en cualquier lugar menos en la comunidad y en la casa. De ahí, la necesidad prioritaria de luchar por un espacio en la comunidad que les haga sentirse seguras, estar bien y vivir tranquilas, condiciones necesarias para participar activamente en la vida comunitaria y en la toma de decisiones.

Recuperar el tiempo para participar. Los hombres dicen que a las mujeres se les ofrece participar, pero se niegan a hacerlo alegando que tienen miedo a hablar, que no están capacitadas… Pero, ¿cómo van a participar si no tienen tiempo, si están todo el día ocupadas, si realizan 32 actividades, mientras que los hombres hacen la mitad, 16 actividades. Y pusieron el ejemplo de Enriqueta: nacida en 1933; desde niña pastorea los animales; se asustaba cuando le venía la menstruación; ha sufrido violencia doméstica; parió 10 hijos e hijas a los que ha tenido que cuidar ella sola; está enferma de la matriz; le duele todo su cuerpo; ha sido abandonada por su esposo. Con una jornada de trabajo de veinticuatro horas, ¿cómo van a organizarse las mujeres, capacitarse y participar en la vida de la comunidad? Por eso objetivo prioritario del Feminismo Comunitario es que las mujeres recuperen el tiempo para la capacitación, la organización y la participación.

Cuidar el cuerpo y decidir sobre él. Las mujeres tienen que cocinar, preparar a los niños y a las niñas y llevarlos a la escuela, cuidar de ellos si están enfermos, trabajar en la chacra, recoger leña, lavar la ropa, cuidar los animales, etc. Para ellas todo es importante menos ellas mismas. Un testimonio: “He perdido la cuenta de cuanto he dejado de hacer por mí, ni de cómo está mi CUERPO. Embarazada no más aparezco. Hubiera querido tener sólo dos hijos. La verdad nunca he decidido sobre mi cuerpo, siento cansancio y estoy muy enferma”. Por eso otro objetivo de la organización es que las mujeres cuiden el cuerpo y tengan la capacidad de decidir sobre él.

Memoria. El Feminismo Comunitario trabaja por la reconstrucción de la memoria histórica y recuerda que las mujeres bolivianas siempre han participado en todas las luchas, políticas, sindicales, educativas, sanitarias, etc. Ejemplos: por la reforma agraria en 1953; contras las dictaduras de Banzer en 1971 y de García Meza en 1980; en la guerra del gas en 2003; contra el neoliberalismo en 1985; en el proceso de cambio desde 2005. Y, ahora, en la elaboración del Plan de Igualdad de Oportunidades.

Organización. Las mujeres tienen que organizarse. Lo que implica buscar espacios de reunión entre ellas para escucharse, crear su propia palabra, encontrar su lugar en la comunidad y en la toma de decisiones, buscar su espacio al 50% en el sindicato, en la dirección de la comunidad, en las asambleas comunales.

Éstas son las grandes líneas por las que avanza la experiencia feminista comunitaria en un área rural e indígena de Bolivia. Amerindia está viviendo un necesario y galopante proceso de descolonización en todos los campos: político, económico, religioso, cultural, ético. Queda todavía mucho camino para descolonizar el feminismo. La experiencia que acabo de describir me parece un excelente ejemplo de dicha descolonización.

Fuente: www.atrio.org

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