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Para modificar la realidad hay que conocerla y re-conocerla. Por Lic. Viviana Liptzis

Mientras predominaba el modelo de familia tradicional de hombre proveedor y mujer ama de casa, la división de tareas estaba claramente organizada.
Sin embargo, en la actualidad, cuando las mujeres compartimos el desafío de proveer ingresos, aún está pendiente el correlato de este proceso hacia el interior de nuestras casas: la responsabilidad por las tareas domésticas sigue siendo mayoritariamente de las mujeres.
Incluso el funcionamiento de la sociedad, especialmente en América Latina, todavía supone que hay una persona dentro del hogar dedicada completamente al cuidado de la familia. Baste sino mirar los horarios escolares, trámites en servicios públicos y privados, etc.
Por último, un dato doloroso: la brecha de género en el uso del tiempo se profundiza entre las mujeres más pobres ya que deben destinar más espacio a las tareas del hogar en un contexto de mayor rigidez de los roles tradicionales.

Algunos mitos y prejuicios en torno al trabajo de las mujeres

Aunque nos resulte increíble, compartir las tareas domésticas con las de producción fue parte del trabajo cotidiano hasta la era industrial durante la cual la división sexual del trabajo se constituyó en una “especialización natural”. Sin embargo, y a pesar de la relativa “novedad”, está tan arraigada que han inspirado legislación, políticas públicas,  y prácticas sociales.

Mito 1 el papel fundamental de las mujeres es cuidar a su familia y a sus hijas e hijos.

Mito 2: Las mujeres constituyen una fuerza de trabajo secundaria y su salario es sólo una ayuda al presupuesto familiar.

En la medida en que estas construcciones culturales persisten, se sigue dando por sentado que son las mujeres las que deben conciliar sus papeles de ama de casa y madre cuidadora junto con su rol de trabajadora/profesional remunerada.

Un elemento adicional

En el mundo del trabajo todavía hoy se atribuye a la familia significados diferentes según se trate de hombres o mujeres. Las mujeres, especialmente las más jóvenes, son consideradas un “riesgo” por ser o llegar a ser madres. Se asume que su productividad, disponibilidad y dedicación se ven perjudicadas por sus roles de género. De más está decir que esto juega en contra al momento de la contratación.

Qué hacer?

Las estrategias suponen operar tanto sobre el ámbito doméstico como sobre el ámbito laboral. Sólo para empezar:

En casa: conciliar responsabilidades compartidas tanto en las tareas concretas como en el cuidado de los hijos o de adultos mayores. No pensar en que la colaboración es “obvia” ni esperar que el otro “se de cuenta”. Si bien es una tarea más ardua en algunos casos que en otros, vale la pena en tanto que facilitará nuestro desarrollo laboral y aliviará la sobrecarga de trabajo que ambos roles suponen.

En el trabajo: en mi rol de consultora y selectora de personal, es muy habitual encontrar mujeres que aceptan como dado el hecho que se las remunere diferente (siempre menos) que a los hombres que ocupan la misma función. Un primer paso entonces es dejar de pensar-nos nostras mismas como una “fuerza de trabajo secundaria”.

Ahora quiero preguntarles: Cuáles son las realidades laborales con las que se encuentran en la actualidad?

Bibliografía: Trabajo y Familia: Hacia nuevas formas de conciliación con corresponsabilidad social. Organización Internacional del Trabajo y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2009.

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